miércoles, 2 de marzo de 2011

Canto: Dichosa Mujer

Dichosa mujer la que sabe ser fiel
al quehacer de implantar la justicia y la paz.
Bendita será la mujer que hace opción
por la causa de Dios, por la ley del amor.

Hoy canto al Dios del pueblo en mi guitarra
un canto de mujer que se libera.
Dios se solidariza con mi causa,
me consagra portavoz de la esperanza.
Dios escuchó el clamor de nuestro pueblo,
se alió al empobrecido y explotado.
Y a la mujer libera de cadenas
impuestas con crueldad por tantos siglos.

Harás justicia a todas las mujeres
que firmes no cayeron ante el yugo.
Nos das la libertad y reivindicas,
oh Dios, tu semejanza originaria.
Al mal pastor que causa tanto daño,
al gobernante infiel que vende al pueblo.
A todo quien oprime, lo destruyes,
sin piedad del poder, tú lo derrumbas.

Nos llamas a gestar en nuestros vientres
mujeres y hombres nuevos, pueblos fuertes.
Nos unges servidoras, profetisas,
testigos de tu Amor que nos redime.
Has puesto en mi cantar una esperanza,
soy eco de tu amor que reconcilia.
Espada de dos filos sea mi canto,
pregón de un evangelio libertario.

Poema de Amparo Lerín

Historia de una mariposa

No siempre fue así, la mariposa no siempre fue tan bella. Cuando era oruga adoptó formas y colores como mecanismos de defensa; se llenó de miedo, cólera, depresión y enfado, algunos la ignoraron y ahogaron su voz, de una o de otra forma la violencia se hizo presente.

Fue después, cuando por fin pudo verse reflejada en su espejo interior, que comprendió que el momento de la metamorfosis había llegado. Empezó así la labor de tejer la crisálida; recordemos que no hay cambio sin trabajo, no hay transformación si no existe una labor sobre una misma. Tejió cuidadosamente cada hebra, cada hilo, como si en cada unión dejara recuerdos de dolor, se encerró en sí misma, se conoció y reconoció, se asumió como mariposa. Dentro tiró todas aquellas extrañas formas y colores que había adoptado, desechó la culpa, la falta de amor por sí misma, soltó el miedo, la cólera y tantas costras viejas que cargaba sobre sí, entonces ¡Sucedió el milagro! Brotaron las alas con formas hermosas, el amor coloreó sus alas, las risas de todos los colores estaban presentes, sus piernas cobraban fuerzas ¡Podía sostenerse!, ahora estaba lista para salir, transformada en un nuevo ser; radiante de vida, con su nuevo huipil multicolor, con su nuevo ser.

Abrió lentamente el capullo, miró a su alrededor. Todo era bello, la creación entera la estaba esperando, el sol estaba más radiante que nunca. Emergió, afirmó sus piernas, sacudió sus alas ¡Por fin podía moverlas! Se llenó de alegría y amor por la vida; sus ojos albergaban la esperanza activa de la transformación.

Ahora, estaba lista para el amor, para el servicio y la vida en comunidad, la metamorfosis había terminado. La vida la estaba esperando, plena, feliz, llena de amor, multicolor; como realmente era ella. Aún cuando parecía el ser más frágil era fuerte, tanto que podía emprender el viaje más largo y más valiente de la historia, podía volar alto, y más alto junto a otras mariposas que al igual que ella eran la experiencia viva del milagro de la metamorfosis.

5. “CUANDO ME HICE FRUTA”


Terminamos el Encuentro con una liturgia.[1] En medio del bosque, el viento y el cielo tejimos palabras, canciones, peticiones, ofrendas, agradecimientos, abrazos y despedidas. Como retratos guardados en el corazón nos llevamos búsquedas, esperanzas, fortalezas, inspiración, fe, construcción, compartir, sorpresas, bendiciones, claridad, florecer, alegría, experiencias, amistad, reconciliación, nueva iglesia, solidaridad, misterio, creación, agradecimiento, certeza, rostros, corazones, nutrición y desafíos… “Que tu recuerdo madure el fruto”


Centro de Estudios Ecuménicos    
Redacción final de Guadalupe Cruz Cárdenas
25 de enero de 2011


[1] Los cantos y las reflexiones de la liturgia se encuentran en los anexos.

4. CAMINANDO JUNTAS


Para concretar las maneras de andar juntas propusimos:

·       Compartir lo que cada una hace, intercambiar experiencias de formación y materiales, capacitar, sistematizar metodologías, acompañar procesos y conocer y evaluar proyectos.
·        Acompañarnos en el trabajo social, impulsar acciones coyunturales conjuntas y tejer redes de apoyo y solidaridad.
·       Integrar a más mujeres, promover espacios de desarrollo integral y de contención, y escuchar las búsquedas de otras mujeres.
·       Articularnos y pronunciarnos como grupo de mujeres ecuménicas, hacer voz pública, crear una comunidad virtual y tener comunicación permanente.
·       Compartir la fe, la espiritualidad, lo que vamos viviendo; acompañarnos y crear más espacios como éste para alimentar nuestra interioridad.
·       Buscar autosustentabilidad, apoyos económicos, abrir una bolsa de trabajo e impulsar proyectos de economía solidaria.
·       Ser contestatarias en lo social y promover pastorales alternativas.
·       Recrear nuestras iglesias y compartir en ellas nuestras miradas.
·       Realizar un encuentro masivo; integrar a más mujeres; que el tema del próximo encuentro sea Cómo está tu corazón. Mujeres, fe-vida, y considerar cómo está el movimiento feminista, para pensar que se puede retomar de él y qué podemos aportarle.

Principales acuerdos

·          Continuar nutriendo y compartiendo la fe y la vida.
·          Constituirnos en una Red Ecuménica de Mujeres.
·          Crear una comisión de seguimiento, que sistematice el proceso y esté integrada por mujeres del Distrito Federal.
·          Formar una comisión de comunicación virtual que cree un blog u otra modalidad que mantenga la comunicación y difunda oraciones, lo que se está haciendo, acciones bilaterales, bolsa de trabajo, materiales, reflexiones, invitaciones e informaciones.
·          Elaborar la memoria y un directorio.
·          Realizar el II Encuentro en noviembre de 2011.

3. RETOS DE CADA UNA Y DE TODAS


En el tercer momento del Encuentro, al ir concluyendo, abordamos los principales desafíos:

Personales

·       Considerar las dificultades que tenemos al dividir nuestra vida cotidiana entre lo personal y lo social.
·       Expresar nuestros deseos, reconocer que tenemos derecho a ellos y que a veces por temor hemos dejado aspiraciones vitales en el camino.
·       Mirarnos en otras mujeres, en sus temores y anhelos; animarnos y tener confianza.
·       Dejar de centrarnos en el dolor, porque a veces sufrimos de tal manera que no nos permitimos avanzar. Hacer a un lado las dolencias y ponernos al servicio de lo que queremos construir.
·       Abrir nuestro corazón, vencer el temor de compartir, seguir escuchado a nuestras hermanas  y recordar el saludo maya: “¿Cómo está tu corazón?”.
·       Enfrentar nuestras contradicciones y situación económica.
·       Reconocer que somos fuertes y también débiles, necesitadas; que requerimos trabajos dignos, y que aunque estamos enamoradas de nuestras comunidades necesitamos pensar en nosotras mismas.
·       Reforzar los trabajos y servicios que realizamos en nuestras comunidades.
·       Recordar que no estamos solas, que vamos haciendo caminos: “derribar muros, construir puentes y armar nidos”. 

Colectivos

·       Tejer redes de solidaridad, cuidado, apoyo y acompañamiento que nos permitan un mayor equilibrio entre el crecimiento personal y el compromiso social.
·       Fortalecer la salud, la economía, la espiritualidad, el liderazgo colectivo, los vínculos interpersonales, la espiritualidad y la formación teológica, bíblica y social.
·       Nutrirnos, alimentarnos y compartir para que todas tengamos vida en abundancia: “lekil kuxlejal”.
·       Que coordinadoras, ministras, celebradoras, tengamos otra manera de ver y sentir una nueva comunidad de esperanza.
·       Trabajar en la formación social, ecuménica e integral para alcanzar mayor plenitud personal y colectiva.

Concluimos invitándonos a no dejar solas a otras mujeres, a aprender a estar juntas y a hablar de nuestros acuerdos y diferencias. Agradecimos al Centro de Estudios Ecuménicos habernos convocado, propiciar que intercambiáramos experiencias y suscitar un espacio de confianza y escucha mutuas.